¿Qué hace Miguel en la temible “Celda 300”?

Nacionales

Por Luis Galeano

“El periodismo nicaragüense no va a claudicar, nosotros no hemos cambiado de opinión. A nosotros nos pueden cerrar, amenazar, inventar juicios, encarcelar, incluso nos pueden matar, porque ya nos han matado a un compañero, nos pueden herir de bala, pero el compromiso del periodismo digno en Nicaragua es mantener la libertad de expresión, la libertad de prensa, para que las demás libertades en Nicaragua puedan regresar, una vez que Dios así lo desee, muchas gracias y bendiciones a todos”.

El reflejo de la luz del celular que se ve en los lentes de Miguel, se aparta de su rostro y se dirige a una pared careta pintada con el color verde de hospital, en donde yace pegado un pedazo de cinta adhesiva, con la leyenda “3 te amo papá, S”.

Antes en el mismo vídeo, Miguel habla de la necesidad de que el gobierno entienda que la única forma de encontrar una salida a la crisis es por medio de un diálogo franco, en el que se acuerden el adelanto de las elecciones y que se determine con votaciones vigiladas y transparentes, quién debe dirigir al país.

Miguel está peludo. Muestra un bigote y barba, inusuales, mucho más poblados que los que alguna vez se le vio en la televisión. Viste el infame traje azul, que la dictadura le receta a los secuestrados políticos y relata que ha estado en completo aislamiento, considera que el periodismo nicaragüense está pasando uno de sus peores momentos, porque han decidido criminalizar la libertad de prensa y de expresión. “Es imposible seguir haciendo esto, si se quiere llamar a Nicaragua un estado democrático, un estado de derecho”, reflexiona.

Sus palabras y fortaleza, captadas por el celular de un eurodiputado, causan admiración dentro y fuera del país. Llenan de vitalidad a un país triste y agobiado por la zozobra, la angustia y la incertidumbre del qué va a pasar. Algunos lloraron de verlo después de más de un mes sin saber nada de él, otros se llevaron la mano a la boca sorprendidos por las imágenes de un secuestrado por decir la verdad, otros celebraron sus palabras, pronunciadas con temple de acero, esculpidas con la sabia de la sangre de Alvarito, el colega Ángel Gahona, Franco o Gerald.
Pero para sus verdugos fue un golpe de lo más desagradable. Verlo inquebrantable, gallardo, firme, digno, sin clamar por clemencia, con la frente en alto, con su discurso nítido, incólume, seguro de que su estado es temporal y que Dios cumplirá con lo prometido, fue tan demoledor como escuchar las conclusiones del Grupo Interdisciplinario de Expertos Investigadores, GIEI, afirmando que en Nicaragua se han cometido crímenes de lesa humanidad, que son imprescriptibles y por los que tendrán que pagar.

Y no es para menos, porque lo que buscaban era lo contrario: Que pidiera cacao. Con golpes al ser detenido, exhibirlo al día siguiente y de forma expedita ante el mundo como que fuera un verdadero y peligroso criminal, imputarle junto a Lucía, Jaime, Jackson y mi persona, hechos delictivos absurdos por demás y luego desaparecerlo, pensaron que Miguel se quebraría rápido. ¡Ajá papito, así te queríamos tener! Leí en más de un embrutecido post de los seguidores del zekedismo.

Pasaron a tenerlo completamente aislado, con más de 30 días sin poder ver la luz, en una celda de condiciones infrahumanas, quizás creyeron que encontrándose con él mismo, en sus diálogos internos, podía concebir como cualquier ser humano el pensar en rendirse y aceptar los guiones, elaborados por los guardias torturadores del régimen, en la búsqueda de quedar bien con “el comandante y la compañera”.

Pero nada de eso pasó. Pidió una bujía y una Biblia. Y habló estruendosamente. Entonces, alargaron por casi una semana más la audiencia preliminar, aduciendo asuntos “de agenda” del perverso judicial orteguista que lleva su caso, solo para que éste el día en que por fin se llevó a cabo, admitiera la alucinógena acusación y cumpliera con la orden emitida por los jueces de El Carmen: “Mándenlo a la Modelo, a la 300”.

¿Qué hace un periodista como Miguel en la cárcel de máxima seguridad y una celda destinada para narcotraficantes y personas de alto peligro, sin que haya un debido proceso y una condena firme en su contra?

¿Qué hace Miguel soportando los vejámenes en celdas de espacios reducidos de “2×2” en cuyo interior solo caben una o dos personas apretadas, donde cabe una colchoneta, soportando temperaturas que rayan los 40 grados centígrados en las horas de más calor durante el día?

¿Qué hace Miguel en esos sitios en donde no hay sol ni luz y que la diferencia entre el día y la noche, la hace la poca claridad que entra por un pequeño cuadro construido encima de su cabeza, con un baño y un hoyo para hacer sus necesidades?

¿Qué hace Miguel conviviendo con cucarachas, alacranes, escorpiones y hasta culebras, sin tomar las horas de sol a las que normalmente tiene derecho los recluidos?

¿Qué hace Miguel viendo pasar las horas sin saber las horas, enfrentado a las voluntades de sus escarnecedores que creen serán infinitos en el poder y la vida?

Resistir.
¡Libertad para Miguel Mora!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *