La terrible “Celda 300”

Nacionales

*Ortega y Murillo meten a secuestrados políticos en celdas que se construyeron para narcotraficantes y personas de alta peligrosidad

Por Luis Galeano

Se trata de espacios reducidos de “2×2” como se dice popularmente, en cuyo interior solo caben una o dos personas apretadas. Ahí, en ese cuadrito las temperaturas rayan los 40 grados centígrados en las horas de más calor durante el día, lo que les convierte en una especie de micro hornos para humanos.

En esos sitios la diferencia entre el día y la noche, la hace la poca claridad que entra por un pequeño cuadro construido encima de las cabezas de las personas confinadas.  Apenas alcanza una cama o colchoneta. Hay un baño, además de un hoyo para hacer necesidades, por lo que el olor a orines, heces o humedad, son parte de lo habitual.

A algunos de los encerrados les dan los medicamentos que necesitan para padecimientos específicos, otros tienen que aguantar sus malestares de siempre, con nada que les ayude a menguarlos. “Depende de quién es el piche y del humor de los guardas”, me contó un colaborador del sitio.

A los que reclaman, les va peor, ya que además de no darles la medicina los golpean o simplemente no les dejan dormir en dos o tres días seguidos, tirándoles agua cada cierto tiempo para espantarles el sueño.

“La tortura no se limita a golpes o patadas, se vale todo lo que sirva para hacerles ‘escarmentar’ por su osadía”, afirma el hombre. Se refiere a quienes están en un pabellón carcelario conocido como “La 300”, en la prisión “Ángel Navarro” en Tipitapa, que todos conocemos como “La Modelo”.

Se inauguraron en el año 2015, en el penal de Máxima Seguridad. Es uno de dos espacios construidos con parte de los 9.2 millones de dólares ocupados a los falsos periodistas de Televisa.  Debería ser la cárcel más moderna del país, pero la forma en que fue diseñado representa un verdadero centro de castigo para quienes llegan hasta ahí.

Se trata de celdas pensadas para narcotraficantes de alta peligrosidad o asesinos de sangre fría. Pero la dictadura Ortega-Murillo, las ha usado para aislar y torturar física y sicológicamente, a una parte de los secuestrados políticos, de las protestas de abril de 2018.

Todos ellos, dice el informante, solo tienen derecho a salir una vez cada quince días. Sus familiares cuando los visitan, no pueden conversar a solas con ellos, porque siempre hay alguien cerca escuchando. El sol les es ajeno y los afecta cuando llegan a tener espacio para encontrarse con sus rayos. Los ojos les duelen, la cefalea aparece y la migraña crónica hace fiesta, en muchos de los casos.

Ahí los tienen Ortega y Murillo, pretendiendo quebrarlos, quitarles su dignidad, desesperándoles con el cruel, injusto e inhumano encierro, haciéndoles pensar en “un día más, un día menos”, con la sofocante aceptación de no tener poder sobre sus propias decisiones, con el miedo como compañero de invisible de al lado, superado solo por la gallardía del justo, que no se doblega ante el verdugo que observa impaciente que su estrategia no da resultado.

 

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